Hace poco vi Bernie, una película (que voy a destripar, lo siento) basada en hechos reales, que comentaba el caso de una persona muy popular en un pueblo en Estados Unidos que establece relación íntima con una persona mucho más mayor, más rica que él, y además odiada por todo ese pueblo. Todo lo contrario que Bernie, que era la persona más querida de esa zona, por méritos propios. La relación entre ellos era fabulosa al principio pero ella empezó a absorberle más y más hasta convertirle prácticamente en su sirviente. Él después de aguantar y aguantar decide pegarle un tiro. Al cabo de un tiempo, le descubren, y le juzgan, yendo a la cárcel de por vida.

Lo curioso del asunto, entre otras cosas, es que la gente del pueblo estaba dispuesta a disculparle, ya que era muy apreciado y ella solo generaba enorme rechazo. Si por el pueblo hubiera sido le habrían absuelto. Era como decir, “Todo el mundo se equivoca, y merece una oportunidad de enmendarse…”. Siempre que el acusado sea él y la víctima alguien como ella.

En la película es imposible que él no te caiga bien y ella todo lo contrario. Aquí se da el Sesgo de Confirmación, que es la tendencia a que suscribamos o apoyemos una información que confirman nuestras creencias o hipótesis. Aquí hemos visto casos donde un pueblo entero defiende a su alcalde, acusado con pruebas claras de corrupción.

Este sesgo tiene su peligro porque nos instala de manera rígida en nuestras ideas y no nos permite acercarnos a otras, o simplemente ser algo más justos con los que no están en nuestra cuerda.

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