Muchas veces se habla de que no hay recursos suficientes en Sanidad, y que los que hay, han sido recortados. No solo es un tema de reducir costes sino de la falta de más inversión.

En la Revista InfoCop se hacían eco hace poco sobre un estudio en el Reino Unido titulado Invirtiendo en la salud mental de los niños, en donde se presentaba un estudio económico que mostraba que, de cada libra que se invertía en la salud mental de niños y adolescentes se recogía siempre un beneficio mayor de lo invertido. En algunos casos de manera aplastante (27 libras de beneficio por 1 invertida).  La reducción económica en recursos de todo tipo conlleva a largo plazo una inversión más grande, ya que esos usuarios tempranos al no ser bien atendidos (muchas veces ni eso), cuando son adultos requerirán una atención más costosa y compleja. Lo que te ahorras ahora, lo pagas con creces en el futuro.

Comentamos el tema económico, pero mucho más importante es el futuro de esos niños y de su entorno más inmediato. Es darles la oportunidad de poder desarrollar con dignidad y posibilidades reales su vida actual y la de mañana. De otra manera, ya entrarán en la vida adulta con muchos lastres psicosociológicos y/o físicos.  Otro tipo de beneficio claro en los niños y adolescentes, es la mejora en sus comportamientos, la prevención de consumo de sustancias tóxicas, descenso de embarazos no deseados y de conductas delictivas, mejora en las relaciones familiares y sociales, lo cual repercute positivamente en el funcionamiento de la sociedad, etc.,

Este informe nos da pistas de que hay que cuidar nuestra salud mental, dando los recursos necesarios. El gasto del momento se convierte en ahorro futuro. Un tratamiento hoy, de manera eficiente, se transformará mañana en una sociedad mejor, con individuos más sanos mentalmente. Que es al final de lo que una Sociedad y su Estado correspondiente se deben preocupar.

En la imagen del post, vemos a Nelson, el famoso personaje de Los Simpson. Imaginaos si se invirtiera en ese chico, probablemente tendríamos otro Nelson distinto al que podemos imaginar que acabaría siendo, ¿no?

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