He leído hace poco Correr de Jean Echenoz, un muy recomendable libro sobre Emil Zátopek y su espectacular trayectoria deportiva. Emil se destapó como un soberbio mediofondista, batiendo todos los límites de su época. Su carrera coincidió con el final de la 2ª Guerra Mundial y el gobierno comunista en su Checoslovaquia natal. Este régimen condicionó su devenir profesional. Puede que si hubiera nacido en otro país de Europa su futuro personal y deportivo hubiera sido mejor. Lo que es seguro que hubiera sido otro. El caso es que Emil se encontró con unas cartas (buenas por un lado y malas por otro) y se dispuso a jugarlas lo mejor posible. Fue cauto y no puso en riesgo su integridad pero también, a su manera, dejó clara su personalidad e individualismo.

Emil aceptó sus circunstancias. Cuando eran buenas, las aprovechó y cuando se pusieron feas, mostró su sonrisa y las aceptó, siguiendo con su vida.

Es un buen ejemplo de donde saber invertir las energías y donde no. Y frustrarse lo menos posible. O en otras palabras, ser resilente.