Escuché un testimonio de una familia que comentaba que el padre era capitán en la marina. Un hombre muy bien valorado en su entorno profesional y muy disciplinado. Ejercía muy bien de capitán. Este hombre pasaba varios meses al año fuera. En casa le echaban de menos…hasta que aparecía. Este capitán cuando volvía a casa seguía ejerciendo del mismo. No cambiaba el rol. Parecía que estaba en el barco y todo era “ordeno y mando”, para desgracia de la familia. Se generaba una situación ambigua y complicada. Cuando estaba de servicio le añoraban y cuando volvía, estaban deseando que se fuera de nuevo.

Este capitán no sabía o no era capaz, o ni era consciente de que debía dejar los galones en el barco, y ponerse el traje de padre, esposo o lo que fuera. Muchas veces se confunde coherencia con rigidez de comportamiento. Este hombre pensaría que era el mismo siempre y así es como tenía que comportarse. Cambiar podría ser una deslealtad hacia uno mismo.

Puede que tenga razón pero lo que está claro es que a su familia no le gustaba mucho su “coherencia”. Si analizamos un poco los espacios donde nos desenvolvemos, veremos que según la situación sacamos una parte u otra de nosotros mismos. No es lo mismo estar con los amigos que en una reunión de trabajo, o estar con niños pequeños que con nuestros padres…

Cambia el traje cuando haga falta.

 

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