Blog

Últimos artículos

Suéltalo

Muchas veces nos quedamos atrapados en pensamientos que no son de nuestro agrado. Es como estar en una tela de araña de la que no podemos salir. Llevamos minutos y minutos pensando en algo que no queremos realmente sin darnos cuenta siquiera. Es muy típico estar anclado en el pasado (lamentos, arrepentimientos, nostalgias…) o en el futuro (lo que vendrá de manera angustiosa muchas veces…).

Lo primero que hay que hacer es darse cuenta de que estamos en esa maraña de pensamientos. Si no somos conscientes de ello poco podemos hacer. Por lo que hay que estar atento.

Después hay que tener intención de soltar ese pensamiento. Hay una historia que lo explica muy bien: En la India tienen un método para cazar monos. Ponen un cántaro de boca estrecha con un plátano dentro. Esperan a que el mono se acerque y meta la mano dentro. El mono no puede sacar el plátano y la vasija le hace ir más lento. La solución es sencilla para que no le capturen: dejar la banana e irse, pero no la suelta, por lo que es fácil para los cazadores cogerle. Con los pensamientos es igual. Se trata de soltarlos, dejarlos ir.

Cuando los hayas soltado, da 2 ó 3 respiraciones profundas para volver al momento presente. Centra tu atención en lo que estabas haciendo y ponte a ello.

Muy importante es centrarte en lo que estabas haciendo pero sin intentar hacer otra cosa a la vez. Si estabas haciendo la comida, haz la comida, si estabas leyendo, lee, si estabas aseándote haz eso, pero no otra cosa.

Este ejercicio lleva tiempo y práctica pero a la larga es muy eficaz y saludable. Es entrenar a la mente a estar donde tú quieras que esté.

¡Suéltalo!

Estate alerta

Estar alerta en términos psicológicos tiene dos vertientes:

Una es la que se relaciona con el estrés y la ansiedad.  Esta suele producir tensión, angustia, desazón y a la larga, mucho cansancio mental y físico. A terapia acuden pacientes con rasgos de hipervigilancia, que les lleva a alterarse por cualquier cosa y estar con la sensación de estar bajo de la espada de Damocles.

La segunda, que es de la que quiero hablar, es aquella que nos mantiene despiertos, en el mundo. Es la que nos hace sentir que estamos aquí y ahora: vivos. Estar en ese estado es estar atento a lo que sucede, a no dar las cosas por supuestas, a cuestionar, a aprender cosas nuevas… Implica estar atento a los cambios que se dan a nuestro alrededor y a adaptarnos a ellos con prestancia. Es el buen estrés. Ese que funciona como un aguijón para no amodorrarnos.  Nuestros más antiguos ancestros lo tenían muy presente porque si no, morían. Les obligaba a estar pendientes no sólo de las amenazas sino de las oportunidades que se presentaban.

Sin caer en la primera, es bueno reivindicar ese punto de activación, de estar alerta a lo que ocurre fuera y dentro de nosotros. Así que ¡pon las orejas tiesas!

Y si tu hijo no fuera tu hijo

La película “De tal Padre tal Hijo” de Kore-Eda plantea un difícil dilema. Dos familias son llamadas desde el hospital en donde nacieron sus primogénitos hace ya 6 años. Les comunican que hubo un error y los niños fueron cambiados de una familia a otra. El terremoto emocional que se produce en las familias es enorme, especialmente en una de ellas.

Se establece una interesante cuestión: ¿Los sentimientos familiares son de sangre o de convivencia? Ambas familias no tenían dudas respecto a sus sentimientos fraternales hasta que entra esta nueva información en sus vidas, y ahí empiezan las dudas. ¿Es mi hijo mi hijo? ¿El hijo de sangre que no he visto nunca es mi verdadero hijo?

A partir de esta premisa los sentimientos que uno cree que tiene respecto a su paternidad se ven trastocados, haciendo que se remuevan de arriba abajo.

Me gustó mucho la confrontación sangre vs vivencia para dar más legitimidad a un sentimiento que a otro. Y por último, también en como muchas veces eso que creemos inamovible son construcciones que hacemos para manejarnos en nuestra vida, que son heredadas en su mayoría por el entorno que nos rodea.

Creo que es bueno, aunque a veces duela, que se agite lo que pensamos sobre determinadas cosas, replanteándolas de nuevo. Al final, sea el resultado que sea, por lo menos serán nuestras de verdad y no prestadas.

Emil Zátopek y la Resilencia

He leído hace poco Correr de Jean Echenoz, un muy recomendable libro sobre Emil Zátopek y su espectacular trayectoria deportiva. Emil se destapó como un soberbio mediofondista, batiendo todos los límites de su época. Su carrera coincidió con el final de la 2ª Guerra Mundial y el gobierno comunista en su Checoslovaquia natal. Este régimen condicionó su devenir profesional. Puede que si hubiera nacido en otro país de Europa su futuro personal y deportivo hubiera sido mejor. Lo que es seguro que hubiera sido otro. El caso es que Emil se encontró con unas cartas (buenas por un lado y malas por otro) y se dispuso a jugarlas lo mejor posible. Fue cauto y no puso en riesgo su integridad pero también, a su manera, dejó clara su personalidad e individualismo.

Emil aceptó sus circunstancias. Cuando eran buenas, las aprovechó y cuando se pusieron feas, mostró su sonrisa y las aceptó, siguiendo con su vida.

Es un buen ejemplo de donde saber invertir las energías y donde no. Y frustrarse lo menos posible. O en otras palabras, ser resilente.

Deja que la plancha se enfríe

Hay variables diferentes que dictan si se produce un cambio o no: el deseo de que se cumpla, la constancia… Y especialmente, el Tiempo. Muchas veces para que algo se modifique se necesita tiempo. Sea para que aumente (una habilidad), o disminuya (algo indeseable) o simplemente para cambiar un acto por otro. De muy diferentes maneras cada proceso tiene un ritmo propio. A veces, se pueden acelerar o enlentecer a nuestro antojo.

Pero, incluso así, hay ritmos que hay que respetar porque si no, simplemente no se produce el cambio esperado. La imagen de la plancha es muy gráfica. Cuando terminamos de planchar y la apagamos, no se enfría al instante. Necesita un periodo de tiempo para ir progresivamente perdiendo calor. Poco a poco se va quedando fría. Necesita ese tiempo y hay que esperar. Con muchos cambios pasa lo mismo: hay que dar el tiempo necesario y ajustar el tempo para que se pueda conseguir. Así que, deja que la plancha se enfríe.