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No necesito saberlo

Leyendo una novela me encontré con este párrafo perteneciente a “Karoo” de Steve Tesich:

“Mire a mi padre, por ejemplo. Está muerto. Se murió ya no sé cuánto hace, pero se murió. ¿Y sabe usted que me dijo antes de morirse? Me dijo que sentía mucho no quererme. Me pidió que le perdonara en su lecho de muerte por no quererme. ¿Ve a qué me refiero? (…)

La cuestión es que yo no lo sabía. Hasta aquel momento no tenía ni idea de que él no me quería. Había crecido pensando que sí. Estaba convencida. Dios sabe que yo le quise a él y jamás se me ocurrió que él no me quisiera a mí. ¿Por qué coño no podía morirse callado en lugar de soltarme aquello? ¿Por qué me lo tenía que decir? ¿Para morirse en paz? ¿Y yo qué?

Cogí un avión (…), preocupada como una tonta por no llegar a tiempo. Llegué justo a tiempo para que él pudiera decirme, antes de morirse, que no me quería.

Y todos esos años, señor… ¿qué iba a hacer con todos años que había vivido convencida de que me quería?”

Me pareció una definición perfecta de como en algunos casos la verdad es peor que la mentira. Y que muchas veces, al igual que la mentira se usa no por honestidad, sino por intereses propios. En este caso, para limpiar una mala conciencia, aún a riesgo de devastar el pasado de otra persona con las consiguientes secuelas psicológicas.

No es un alegato a favor de las mentiras piadosas o de la ocultación de la verdad en general, ni de lo contrario. Sólo es constatar que las cosas son mucho más complejas de lo que parecen, y que no basta una única plantilla para resolver todos los problemas.

Hay veces que uno necesita saber, y otras que no.

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This is water

Dejamos aquí el discurso que leyó David Foster Wallace para graduados de una prestigiosa universidad.

Foster Wallace nos alecciona a que aprendamos a elegir en que queremos pensar.

No os defraudará

 

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Calle Mayor (II): La renuncia a la libertad

En el anterior post hablaba, a cuento de la película Calle Mayor de Juan Antonio Bardem, del efecto del aburrimiento sobre terceros. Esta película tiene muchas lecturas pero la otra que me llamó la atención, fue la que da título a esta entrada.

Poniendo un poco en antecedentes de manera muy resumida: una solterona en una capital de provincias es víctima de una broma por parte de unos haraganes desocupados. Uno de ellos la engañaría haciéndola creer que está enamorado de ella. El asunto se les va de las manos, ya que ella ha caído enteramente en la broma. Hay una persona sensata y decente, que viene de fuera, que cuando ve lo que le está sucediendo, le propone que se vaya a otro sitio. Él le ayudará a rehacer su vida. Ella, en la tesitura de alzar el vuelo por cuenta propia, o seguir donde estaba, siendo el escarnio de toda la ciudad, prefiere quedarse.

Como espectador, pides que se vaya. Que empiece de nuevo, que abandone esa vida gris, que ya no le va a ofrecer nada estimulante, a lo que hay que añadir el sambenito de ser la burlada. Ella duda, pero finalmente prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer. Cuantas veces, decidimos seguir como estamos, sin movernos de lo trillado, sabiendo que encima no aporta nada bueno ¿Será el espíritu de conservación? ¿O que realmente es muy difícil elegir?

En vez de quitarse las ataduras que otros le pusieron, prefiere quedarse como está. Como se decía antes, “muerta en vida”. No se  trata de ser un kamikaze. Me parece lícito ver los pros y los contras de hacer un cambio importante: de hecho, es de sentido común. Pero cuando lo que te ha pasado ha remarcado lo que ya sabías y lo ha agravado aún más, da tristeza dejarse vencer por la incertidumbre y no hacer nada.

Un final amargo pero también aleccionador sobre reflexionar la vida que llevamos (en lo grande y en lo pequeño), y si estamos dispuestos a querer cambiar algo.

 

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Calle Mayor (I). El aburrimiento y sus (malas) consecuencias

En anteriores veces hemos hablado de las bondades de un aburrimiento bien entendido. Es decir, aquel que fomenta sin querer la creatividad o pensamientos que solo se pueden conseguir cuando uno no está ocupado en nada. Además también es una reivindicación del “no hacer” frente a la dinámica actual del utilitarismo y productividad a toda costa.

Esa molicie tiene su beneficio pero siempre que esté parcelado y que no se extienda demasiado en nuestra vida. Todo esto viene a cuento del visionado del clásico del cine español Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem. Siendo breves, la historia transcurre en una pequeña capital de provincias en los años 50, en un ambiente plomizo y claustrofóbico. Hay un grupo de hombres que se aburren soberanamente, y que aparte del beber y alternar, su mayor aliciente es gastar bromas. Aquí entra en juego una apuesta donde uno de ellos se compromete a seducir a una de las solteronas de la sociedad para ver cómo se ilusiona, con el fin de luego dejarla plantada y reírse a no poder más.

Hay un dicho que dice que el Diablo mata moscas con el rabo por aburrimiento. Aquí es algo parecido. El hecho de no tener motivaciones importantes en su vida hace que este grupo de desalmados sin mayor interés que pasarse un buen rato, hagan sufrir de manera intensa a una persona, que mejor o peor, llevaba su vida sin molestar a nadie. Es habitual que personas o grupos (más estos que aquellos) para tapar su hastío vital se  encarguen de hacer mal ajeno. Y lo más triste es que el inicio de la maldad no tenga una intención malévola, sino pasar un buen rato y hacer más llevadero el pasar del tiempo, dejando campo libre a la miseria moral.

Ojo con el (mal) aburrimiento.

 

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Vídeo AtenPsi

Os dejo el nuevo vídeo de AtenPsi, sitio donde trabajo. Agradezco a todas las personas que nos han ayudado a realizarlo, especialmente a Alberto Bravo, que ha sido la persona encargada de grabar, montar y darle la imagen final.

Espero que os guste.

 

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Autómatas

“En el pueblo, las gentes maldecían de la soledad y ante los nublados, la sequía o la helada negra, blasfemaban y decían: “No se puede vivir en este desierto”. El Nini, el chiquillo, sabía ahora que el pueblo no era un desierto y que en cada obrada de sembrado o de baldío alentaban un centenar de seres vivos. Le bastaba agacharse y observar para descubrirlos…”

Este fragmento de Las Ratas de Miguel Delibes describe perfectamente dos maneras diferentes de mirar, de observar lo que tenemos alrededor. La primera, es con automatismos, muchas veces necesarios, pero que de tan repetidos hacen que vayamos ajenos a lo que nos rodea. Esto se convierte en un escenario funcional para desempeñarnos en nuestros quehaceres. Creo que nos aliena, nos hace ser menos sensibles (para lo bueno y malo) que está cerca de nosotros. Y nos da una falsa sensación de que todo empieza y acaba en nosotros.

La segunda es la del Nini: hay muchas más cosas que nosotros y nuestras inquietudes. Abrirse a ellas, nos hace tomar conciencia, además de descansar un rato de nosotros mismos, lo cual es de agradecer. Aumenta nuestra sensibilidad, disminuye nuestro hastío y aburrimiento, y la manera de pensar derivada de estos: apatía, desinterés, cinismo constante y sarcasmos, y esa sensación de “estar de vuelta de todo”.

Es verdad que el cerebro propicia el fenómeno de Habituación, tan necesario al exponerse ante situaciones estresantes, pero eso no debería llevarnos a convertirnos en autómatas. El Nini, el personaje de la novela es tenido por muchos vecinos como un ser imbuido de una sabiduría innata. Al Nini lo que le hacía diferente era su capacidad de observación, siempre despierta y con ganas de aprender.

No te conviertas en un autómata.

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No me convencerás de lo contrario

Hace poco vi Bernie, una película (que voy a destripar, lo siento) basada en hechos reales, que comentaba el caso de una persona muy popular en un pueblo en Estados Unidos que establece relación íntima con una persona mucho más mayor, más rica que él, y además odiada por todo ese pueblo. Todo lo contrario que Bernie, que era la persona más querida de esa zona, por méritos propios. La relación entre ellos era fabulosa al principio pero ella empezó a absorberle más y más hasta convertirle prácticamente en su sirviente. Él después de aguantar y aguantar decide pegarle un tiro. Al cabo de un tiempo, le descubren, y le juzgan, yendo a la cárcel de por vida.

Lo curioso del asunto, entre otras cosas, es que la gente del pueblo estaba dispuesta a disculparle, ya que era muy apreciado y ella solo generaba enorme rechazo. Si por el pueblo hubiera sido le habrían absuelto. Era como decir, “Todo el mundo se equivoca, y merece una oportunidad de enmendarse…”. Siempre que el acusado sea él y la víctima alguien como ella.

En la película es imposible que él no te caiga bien y ella todo lo contrario. Aquí se da el Sesgo de Confirmación, que es la tendencia a que suscribamos o apoyemos una información que confirman nuestras creencias o hipótesis. Aquí hemos visto casos donde un pueblo entero defiende a su alcalde, acusado con pruebas claras de corrupción.

Este sesgo tiene su peligro porque nos instala de manera rígida en nuestras ideas y no nos permite acercarnos a otras, o simplemente ser algo más justos con los que no están en nuestra cuerda.

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Invirtamos más en Salud Mental Infantil

 

Muchas veces se habla de que no hay recursos suficientes en Sanidad, y que los que hay, han sido recortados. No solo es un tema de reducir costes sino de la falta de más inversión.

En la Revista InfoCop se hacían eco hace poco sobre un estudio en el Reino Unido titulado Invirtiendo en la salud mental de los niños, en donde se presentaba un estudio económico que mostraba que, de cada libra que se invertía en la salud mental de niños y adolescentes se recogía siempre un beneficio mayor de lo invertido. En algunos casos de manera aplastante (27 libras de beneficio por 1 invertida).  La reducción económica en recursos de todo tipo conlleva a largo plazo una inversión más grande, ya que esos usuarios tempranos al no ser bien atendidos (muchas veces ni eso), cuando son adultos requerirán una atención más costosa y compleja. Lo que te ahorras ahora, lo pagas con creces en el futuro.

Comentamos el tema económico, pero mucho más importante es el futuro de esos niños y de su entorno más inmediato. Es darles la oportunidad de poder desarrollar con dignidad y posibilidades reales su vida actual y la de mañana. De otra manera, ya entrarán en la vida adulta con muchos lastres psicosociológicos y/o físicos.  Otro tipo de beneficio claro en los niños y adolescentes, es la mejora en sus comportamientos, la prevención de consumo de sustancias tóxicas, descenso de embarazos no deseados y de conductas delictivas, mejora en las relaciones familiares y sociales, lo cual repercute positivamente en el funcionamiento de la sociedad, etc.,

Este informe nos da pistas de que hay que cuidar nuestra salud mental, dando los recursos necesarios. El gasto del momento se convierte en ahorro futuro. Un tratamiento hoy, de manera eficiente, se transformará mañana en una sociedad mejor, con individuos más sanos mentalmente. Que es al final de lo que una Sociedad y su Estado correspondiente se deben preocupar.

En la imagen del post, vemos a Nelson, el famoso personaje de Los Simpson. Imaginaos si se invirtiera en ese chico, probablemente tendríamos otro Nelson distinto al que podemos imaginar que acabaría siendo, ¿no?

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La Conquista de la Felicidad

 

Desde hace un tiempo noto una creciente demanda por saber cómo ser más feliz. No sé cómo se vivirá eso en países con menor nivel de vida pero está claro que en nuestro entorno el concepto de Felicidad está en alza. La gente no se conforma con tener dinero o seguridad. Lo que quiere es ser feliz. Y busca información y pone interés en conseguirlo.

Me parece muy bien. Es alentador, aunque percibo una tendencia obsesiva con el tema. Si uno mira en internet en sitios de salud mental, crecimiento personal o similares, se encuentra millones de mensajes, artículos y demás, relacionados con el tema. Yo también escribo de una manera u otra sobre ello. Lo que no sé es si es tan buena esa búsqueda incansable de la felicidad. Cuando leo acerca de ello, muchas veces me agota por varias razones: hay múltiples recetas para ser feliz en las que  te piden que le dediques 5 o a lo sumo 15 minutos al día a esto o aquello. Uno al final puede sentirse abrumado entre tanto mensaje y desalentado si no funciona. Porque creo que para estar mejor se necesita más tiempo.

Otra cosa que veo es que, hoy en día, parece que hay que estar siempre de buen humor, siempre estar “en positivo”. Está mal visto no encontrarse bien. Dios me libre, y más dedicándome a la psicología, de promover emociones negativas; pero no se permite estar mal, es decir: enfadado, triste, rabioso, decepcionado… Creo que estas emociones son humanas y hay que darles su espacio. No hay que recrearse en ellas pero tampoco darles carpetazo sin más, porque a veces necesitan procesarse, aunque sea de manera no consciente.

El último aspecto que me preocupa es la frustración que puede generar no conseguir ser feliz. Una persona puede poner todo de su parte para serlo y por razones que a veces no entendemos, no lo consigue. Puede que necesite más tiempo, o que las circunstancias sean tan adversas que le resulte difícil conseguirlo. Eso no quiere decir que lo esté haciendo mal. Solo que no es el momento o que necesita ser más paciente.

Intenta estar bien. La felicidad ya llegará.

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Estas son tus cartas. Juégalas.

 

Muchas veces nos quejamos de lo mal que nos van las cosas. Si se cambiase esto o aquello mi situación sería diferente. O que me quede como estoy que no me va nada mal. Y parece que nos ceñimos completamente a eso que nos ha tocado vivir en ese momento.

Como decía Ortega Y Gasset, el hombre es él y sus circunstancias. Para mí está clarísimo. Nos condicionan mucho nuestras circunstancias físicas con las que nacemos o nos acontecen, el entorno que nos rodea, etc., pero siempre hay un margen de manejo propio. A veces, minúsculo, otras veces, enorme.

Me viene siempre la imagen de una partida de cartas donde un jugador con unas cartas pobres acaba ganando su mano. Parte con desventaja pero hace lo posible mediante su habilidad, ingenio, valentía o lo que sea para sacarle el máximo partido. Dice el dicho “De la necesidad se hace virtud”. Además, jugar lo mejor posible y con cierto arrojo hace que surjan circunstancias nuevas con diferentes posibilidades. Siguiendo el símil de los naipes, jugando muchas veces se roba y se desechan cartas y vienen otras distintas, y la partida puede cambiar. Esto hila con el concepto de Resilencia, en donde una persona con pocos recursos es capaz de sobreponerse a esas adversidades.

Creo que primero hay que aceptar lo que tienes sin perder tiempo en cómo podría haber sido (eso son realidades paralelas) y después, analizar que se puede hacer con ellas y jugarlas lo mejor posible.

Así que, ¡Juega!

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